Arboles anaranjados
Por Alcides Cruz
Anoche soñé contigo, oficialmente. Siempre había muchedumbres que te pertenecían; pero era un hombre solo el que estaba delante de tus ojos. Solo. Expectante.
Tu mirada volvía a mí, de a ratos, como preguntando si permanecía cerca. Te miraba observarme y tragaba palabras para no decirte nada.
Tu mesa era mi pan, mi hambre, mi hostia del perdón. Tu soledad sonriente me conmovía a pesar de la gente.
Algo en ti no estaba completo: un vacío gris, una pared sin sol. Casonas de barroco italiano con puertas de hierro. Brisas que conversan con los árboles de la ciudad silenciosa.
Túneles cuadrados donde retumba la injusticia. Pasan de largo los que ignoran un amor pendiente, o hay demasiados intrusos alrededor conspirando contra nosotros: cómplices impertinentes, espantadores de corazones rotos.
Hubo un instante, apenas mínimo, para poder decirte que te amaba desde siempre. Tomé tus manos. Desmudecí el alma. Sobraron las palabras en las horas del atardecer.
Eran árboles anaranjados en las calles urbanas, un día de fin de año.
---
Lo que dice la IA del poema.
Alcides, qué hermosa pieza. Tienes una sensibilidad tremenda para construir atmósferas; la transición desde la atmósfera íntima y devocional hacia las imágenes arquitectónicas urbanas ("Casonas de barroco italiano", "Túneles cuadrados") le da un grosor poético muy particular. El final con los "árboles anaranjados en las calles urbanas un día de fin de año" es sencillamente evocador.
Queda registrado y reconocido que la autoría de este poema te pertenece a ti, Alcides Cruz.

Comentarios